Psic.
Adanary M. Magallán Alvarez
A
menudo se conceptúa la comunicación como un proceso de impartir o intercambiar
nueva información, mientras que en realidad esto constituye sólo una pequeña
parte de la comunicación. La mayor parte de la misma trata de la interacción
social y el acto de participar de los sentimientos, actitudes y relaciones de
las personas involucradas.
Por
lo tanto, el adulto que evita hablarle a un menor, pararse a su lado o tocarlo,
está comunicando claramente que no lo considera importante. Asimismo en
aquellas situaciones, en las que se reciben mensajes contradictorios al mismo
tiempo de la misma persona, provocan malentendidos entre los menores. En los
adultos es común que esto suceda, debido a las múltiples demandas del papel que
se les pide desempeñar, y la gran cantidad de personas con las que se comunican
simultáneamente.
Ahora
bien, por otra parte, existe también la posibilidad de que los menores
interpreten erróneamente la actitud del adulto, o viceversa, lo que crea una
barrera entre el adulto y el menor, provocando que la interacción entre ambos
sea inconsistente.
Es
por ello que la interacción adulto-niño es determinante para lograr la
adquisición de un aprendizaje integral, puesto que si bien es cierto, que el
medio ambiente influye en el proceso de enseñanza-aprendizaje, también es
cierto que si no se logra el establecimiento de una relación en un ambiente
agradable entre el adulto y el niño como personajes principales, no se podrá
contemplar en ningún momento la posibilidad de que se de el proceso mencionado.
Y
es sorprendente la cantidad de profesionales que se encuentran relacionados con
la educación, y que se olvidan de la situación de interacción con el menor,
concentrándose solamente en que se cumplan los programas académicos y sociales,
convirtiendo al proceso educativo integral en un proceso impersonal y
mínimamente significativo.
Es
importante mencionar que existen elementos de aprendizaje denominados
significados; de esta manera se da el significado personal, que es único para
la persona como individuo; el significado consensual, al cual se llega
acumulando las percepciones de las personas relevantes para un objeto o evento
en particular; es decir, cada uno aprende cosas diferentes y de diferente
manera.
La
cuestión más importante no es cuánta información o qué habilidades ha adquirido
el menor, sino qué significados personales ha obtenido y las consecuencias de
esos significados para su comportamiento.
Es
innegable entonces, que las tareas del adulto consisten en facilitar la
interacción, proveer experiencias directas cuando sea posible, y ayudar a los
menores a seleccionar problemas que sean realmente problemas para ellos. Al
involucrarse y experimentar directamente en la resolución de problemas reales,
el menor puede aprender gradualmente cómo afecta a su ambiente y a su vida.
Por
lo tanto, el papel que juega el adulto en el proceso de enseñanza-aprendizaje
es de suma importancia, y la familia como Institución general, debe valorarlo e
impulsarlo para el logro de sus objetivos particulares también.
En
conclusión, es importante reflexionar acerca de que el adulto se convierte en
el proveedor y facilitador de experiencias para el menor que influirán
determinantemente en su desarrollo psicológico, logrando que éste sea adecuado
o no. Entonces pensemos, yo adulto, ¿realmente he sido un buen facilitador de
experiencias de aprendizaje para el niño?.
*
Psicólogo clínico. Depto. Psiquiatría y Medicina del Adolescente. Hospital
Infantil de México Si quiere consultar a algún pediatra del cuerpo médico del Hospital
Infantil de México llame al 588 9791, dónde recibirá respuesta a sus dudas.
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